La psicología de la victoria: lecciones del deporte sobre resiliencia y fortaleza mental

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Rafa Nadal estuvo en el tenis profesional desde 2001 hasta 2024. Hasta hoy, es el tenista masculino más joven en llevarse el “Golden Slam” durante su carrera (es decir, los 4 Grand Slam y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos), y para la mayoría, es el mejor tenista de la historia en tierra batida. Y no ha dejado de lesionarse en toda su carrera. En total, con todas sus lesiones, acumula unos 3 años de carrera “perdidos”.
Esto no fue solo al final: ya desde el principio de su carrera tuvo lesiones importantes. El síndrome de Müller-Weiss lo tuvo cinco meses fuera de juego en 2005. Una tendinitis en 2008 le obligó a retirarse en cuartos de final en París, aunque solo estuvo un mes en el dique seco. La más grave de todas seguramente fue la de 2012, cuando la rotura del tendón rotuliano le dejó fuera de los Olímpicos de Londres 2012, el US Open y el Open de Australia, con ocho meses de parón.
La cuestión es que seguramente Rafa Nadal tuvo la tentación de tirar la toalla muchas veces. Estar en la cima y que no te respeten las lesiones es frustrante y puede comerle la moral a cualquiera. Sentir que arrancas y que vuelves a romperte. Pero Rafa no se rindió. Tampoco se rindió Alexia Putellas, una de las mejores futbolistas del mundo, cuando estuvo diez meses sin jugar tras romperse el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda en 2022. Ni Simone Biles tras retirarse de los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 por problemas de salud mental.
No es casualidad que siguieran adelante y alcanzaran nuevas cimas. La psicología en el deporte, y la psicología del deporte, les ayudaron. Y si tú no eres deportista, da igual: sus mensajes centrales son igual de beneficiosas para la vida en general.
Psicología deportiva y el cultivo de la resiliencia
¿Qué es lo que hace de un deportista un campeón? Una buena genética ayuda, claro. La técnica y habilidad personal son claves. Por supuesto, muchas, muchísimas horas de entrenamiento y esfuerzo. Sin embargo, la vida está llena de imprevistos, de adversidades que nos pillan por sorpresa. De repente, algo va mal en tu familia, algo te tumba, una lesión te machaca, y da igual todo tu esfuerzo y tu genética: te ves obligado a parar. Todo lo que volcaste parece no servir de nada.
La capacidad para adaptarse a estas adversidades es lo que llamamos “resiliencia”: saber encajar derrotas, lesiones y caídas. Y no es que los deportistas la tengan innata, aunque lo innato siempre pesa. Pero la psicología deportiva ha demostrado que es una competencia psicológica que, como el cuerpo, se puede entrenar. O, como explica el psicólogo deportivo Joaquín Dosil en su libro Psicología y deporte de alto rendimiento, no es que los deportistas de élite sean más resistentes al fracaso, sino que tienen más herramientas para gestionarlo.
Pero como el fracaso es algo que nos afecta tanto en el deporte como en la vida en general, es de esperar que las estrategias exitosas de unos puedan ayudar a los otros.
Las claves de la resiliencia en el deporte
Si atendemos a las claves que destacan los profesionales de la psicología deportiva (si deseas profundizar, puedes buscar los recursos del Consejo General de la Psicología en España, en su división de Actividad Física y Deporte, o en la Revista de Psicología Aplicada al Deporte y al Ejercicio Físico), hay cuatro aspectos de especial relevancia:
- Una reinterpretación positiva del fracaso. Hay que aprender de los errores propios y ajenos y encontrar en este aprendizaje las oportunidades de mejorar.
- El apoyo social. Un entrenador, buenos compañeros, la familia, la pareja, toda aquella gente a la que le importas y que pueden reforzar tu autoestima.
- Las rutinas de recuperación emocional. Desde la escritura reflexiva hasta la pura y simple visualización, te ayudan en el camino de vuelta hacia arriba.
- El control del foco de atención. Centrarse en el proceso de recuperación, y no solo en el resultado. En el camino, y no solo en la meta.
¿A que ya vas viendo que esto no solo puede aplicarse al deporte? Pero ojo, porque la resiliencia no lo es todo.
El músculo invisible de la fortaleza mental
Aunque es fácil confundir ambos conceptos, dado que están muy estrechamente relacionados, la resiliencia no es lo mismo que la fortaleza mental. La resiliencia es tu competencia a la hora de sortear las crisis y las adversidades. La fortaleza mental, en cambio, es tu estado continuo de resistencia psicológica. En términos de psicología deportiva, sería la capacidad de rendir a tu mejor nivel sean cuales sean las circunstancias externas. Se compone de factores como:
- La confianza en ti mismo/a.
- El control emocional.
- El compromiso con unos objetivos.
- La superación del paralizante miedo al fracaso.
- La persistencia ante la fatiga mental.
Para la mayoría de entrenadores profesionales, la fortaleza mental es incluso más importante que la condición física para alcanzar el éxito. Por eso los psicólogos forman, cada vez más, parte de los equipos de entrenamiento. Son los que ayudan a los deportistas a visualizar las acciones deportivas, a fijar la atención en la actividad que están realizando, a entablar diálogos internos que potencien su motivación, a analizar sus propios errores sin castigare por ello, sino en clave de aprendizaje. Así, consiguen que los deportistas sean más estratégicos y menos reactivos, más adaptables a las situaciones.
¿Cómo puede ayudarnos la psicología deportiva en nuestra vida cotidiana?
Nosotros no tenemos entrenador que nos marque las pautas, no tenemos el deadline de los siguientes JJOO en los que participar, y no tenemos los mismos riesgos de lesiones musculares o articulares que tienen los deportistas de élite. Pero la vida es dura, ¿a que sí?
- Nos podemos lesionar como cualquiera, al levantar la persiana del negocio, tropezar con un bordillo o chocar con el vehículo de delante, parado en un semáforo, y acabar la semana con latigazo cervical.
- Tenemos plazos de entrega (de trimestrales del IVA, de facturas, de proyectos y tareas varios dependiendo de las profesiones).
- No sometemos a un fuerte estrés por conseguir nuestros objetivos vitales y profesionales, y si no llegamos a ellos, nos estresamos, nos deprimimos, y pensamos en tirar la toalla.
Por tanto, ya no es que el deporte sea positivo para la vida cotidiana: es que la vida es el deporte más completo que existe, y el más exigente, y la psicología de la victoria nos puede ayudar a alcanzar nuestras metas de forma consistente. A fin de cuentas, ¿es que la autoconfianza, el control emocional, el compromiso, la persistencia, no son factores positivos que todos deberíamos trabajar? Y una vez fortalecida la mente, ¿no queremos todos tener más resiliencia y capacidad para enfrentarnos a las adversidades?
Ser menos reactivo y más estratégico, encajar mejor los golpes y extraer lecciones de ellos, son cosas que te benefician en cualquier situación: puedes ser una aspirante al doctorado en espera de la beca de investigación, un diseñador intentando vender un proyecto, una escritora luchando por ser publicada, un tipo montando un negocio, un jugador apostando en un casino en vivo o una trabajadora apostando por un cambio de empresa. Y puedes quedarte sin beca, palmar el proyecto, ser rechazada por la editorial, quebrar tu negocio, palmar todas tus apuestas o caer en una empresa peor.
Todo ello puede ocurrir.
La clave, siempre, es saber encajarlo, adaptarse, lucharlo y superarlo. Seamos los Rafas Nadales y las Alexias Putellas de nuestras propias vidas, y apliquemos los principios de la psicología deportiva en nuestras vidas hasta que toque colgar las botas.