“Hago lo que me gusta y me siento libre” El emocionante debut internacional de Celeste Rubilar
Periodista: Sara Arriagada
Celeste Rubilar Marconi tiene 12 años y estudia en el colegio Santa Victoria de la comuna de Peñalolén. Ella, como muchos deportistas, ha tenido que aprender a compatibilizar los estudios con su pasión: El Patinaje Artístico.
“Me cuesta menos sacarla (de la casa) para el patinaje que para el colegio” nos confidencia entre risas Anita, mamá de nuestra deportista. Celeste se apura en argumentar el motivo “es que hago lo que me gusta y me siento libre, me siento bien, emocionada… feliz de patinar”.
Anita reflexiona que ella nota una gran diferencia desde que comenzó en el patinaje “ella estuvo haciendo antes de esto kickboxing un tiempo y claro, lo hacía porque estaba el primo y le gustaba yo creo, pero no como esto, esto le encanta.”
La orgullosa mamá nos dice que esto le ha servido a Celeste para dejar la timidez atrás “porque a pesar de los nervios que puede sentir de salir… de que la están grabando, de que la están mirando, de todo eso, lo hace.” Dejando en claro que cada vez que la ve se emociona tanto que le dan “puras ganas de llorar todo el rato.”
La primera experiencia Internacional
Ya ha pasado un año desde que dio sus primeros pasos en nuestro club Sparky Star, pero gracias a su dedicación, ya se encuentra Federada y vivió su primera competencia Internacional asistiendo al Festival Panamericano para Novatos 2026 organizado por la World Skate América (WSA) y que tuvo como sede la ciudad de Buenos Aires – Argentina.
El viaje lo hizo en compañía de su mamá Anita y de algunas de sus compañeras del club que también viajaban a vivir su primera experiencia internacional. Entre juegos y risas se embarcaron rumbo a Argentina donde se enfrentaron al pabellón Europa del Microestadio de la CAP.
“A mí me gustó todo, la pista... como era todo, la presentación de la World Skate y esas cosas” recuerda Celeste rememorando lo que sintió en este primer encuentro: “Emoción porque era muy grande… al principio quería entrar a practicar un poco, pero después ya me dio como un nervio…” - “Pero tenía que salir igual. Sí, ya estaba ahí ya. Ya no se podía echar para atrás” comenta entre risas Anita.
La preparación
Celeste detalla que pasó aproximadamente un mes preparándose intensamente para este evento deportivo entrenando principalmente trompos, saltos y coreografía incluso sacrificando los fines de semana donde debía levantarse muy temprano. Todo esto para pasar por un proceso clasificatorio interno que sorteó sin complicaciones excepto “porque ya me habían dicho que no podía ir por la plata y todo. Entonces, ahí me puse a llorar…”
Anita añade que para poder financiar el viaje tuvo que “hacer un poco de ventas de algunas cositas pero principalmente ayuda de mis papás” explica que fue su papá quien dijo “no, tiene que ir, ya la metiste en esto así que va” financiando casi por completo esta aventura.
Orgullosa reflexiona que todo esfuerzo vale la pena “Vale la pena el sacrificio, todo el rato. Obviamente siento que lo hace increíble, que ha mejorado mucho, que le va super bien y así que feliz.”
La hora de la verdad
El día de la competencia Celeste y Anita se levantaron como un día normal. Luego del desayuno comenzó la preparación para el gran día: peinado, maquillaje y como toque final, la malla. Una vez lista se enfiló hacia la competencia.
“Me dolía la guata de los nervios” dice Celeste mientras recuerda el momento en que se enfrentó a la pista. Explica que se le hizo más fácil porque recordó los ejercicios y la preparación que ha tenido de la mano de nuestro psicólogo deportivo Felipe Román: “empecé a respirar hondo y a decir que si puedo.”
“Me emocioné un poco cuando sentí la pista y después empecé a hacer la coreo y ahí ya me puse más nerviosa, así que hice lo de siempre: empecé a sonreír y como que el nervio me lo trago nomás.” Relata Celeste notablemente emocionada al recordar este momento especial.
“Y cuando salí de la pista me sentí bien, feliz. Sentí que lo hice bien” La verdad es que si lo hizo bien, en una impecable presentación logró posicionarse en el 13° lugar de más de 30 competidoras.
Anita por su lado lo vivió desde las gradas con la misma ansiedad, pero con la carga que siempre tienen las mamás: “ojalá que no le pase nada para que no sufra” y dos minutos después ya se terminó todo “como que ya el cuerpo se relaja, bajan las tensiones.”
El aprendizaje
Celeste menciona que aparte del aprendizaje técnico y de la capacidad de adaptarse a pistas más grandes, tuvo oportunidad de conocer a otras personas “lo que me llamó la atención es que algunas niñas eran super amables. De hecho, me hice una amiga de Paraguay”, destacando que el ambiente fue muy enriquecedor.
Por otra parte, siente que el haber salido del país abrió una puerta que se niega a cerrar, ya tiene planes de volver a vivir experiencias de competencias fuera del país en el siguiente Festival Panamericano y la Copa Orlando de Estados Unidos, reconociendo que su único miedo no tiene relación con el patinaje: “me da miedo estar en el avión y que se caiga, después de eso ya nada más.”
Convencida hace un llamado a las demás deportistas a que se atrevan a vivir este tipo de experiencias “la verdad es que si te gusta te vas a emocionar mucho, te va a encantar la experiencia”
Mientras Anita mira a su hija con ternura y llena de convencimiento comenta “bueno, a seguir trabajando no más”